
El día que me enteré (a través de esa ecografía que ven aquí) que estaba esperando un bebé fue todo un coas, tras dos evatest que habían dado negativo y un análisis de sangre que también había resultado negativo, me era muy difícil aceptar lo que estaba ocurriendo. No comprendía como me podía estar pasando eso, como podía ser que todos los análisis que me venia haciendo hacía meses estaban equivocados. Pero de hecho así era, estaba embarazada y no sólo eso, ya tenía 19 semanas, o sea medio embarazo!
A los pocos días de recibir esa noticia supe el sexo del bebé, supe que tendría una niña y por más difícil que fuese la situación, debo confesar, no pude evitar la emoción. Desde muy chica había tomado la decisión de, en el caso de algún día tener una niña, llamarla Milla (porque me parece un nombre super lindo y además amo a la actriz Milla Jovovich!) y la verdad es que no tuve que convencer al papá de ponerle ese nombre, simplemente se lo impuse aprovechándome de mi condición de embarazada sensible y a veces caprichosa. Después de informada la familia de la gran noticia empezaron a caer los regalos, que "la niña precisa una cuna", que "yo le regalo el coche", que "de los pañales me encargo yo", y así fue como nuestro único gasto hasta hoy en día fue el bolso maternal y el colchón para la cuna.
Cursé un embarazo sin complicaciones (la mitad de él ni siquiera estuve enterada) y repleto de antojos! Si señores, los antojos existen, no son una invención de las embarazadas! Yo lo comprobé porque, en el periodo que no sabía que estaba en cinta, sentí la necesidad de tomarme un helado diariamente y cuando me enteré comprendí que eran antojos.
Al cabo de 21 semanas nació Milla por parto natural pesando 3,380kg y midiendo 49cm de largo. "El embarazo más corto de la historia" bromea mi familia cuando recuerda el acontecimiento.
Fue así como comencé este hermoso y a veces difícil camino que es la maternidad.

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